Vivir con artritis reumatoidea: mi testimonio.

 

María Cecilia Lucero, vive en San Juan y tiene 56 años. Es secretaria de AMAR San Juan y es coordinadora de la región Cuyo de la Alianza Federal. Padece artritis desde el año 1995. Es profesora de educación física, profesión que ahora no ejerce y actualmente trabaja en el área administrativa de la Facultad de Ingeniería. Tiene una hija de 18 años y actualmente es divorciada y vive junto a su hija. Eligió compartir su testimonio para que sirva a otros.

 

“ Al poco tiempo de estar casada, tras molestias y dolores en pies fundamentalmente y después de consultar a un médico reumatólogo, me diagnosticaron artritis reumatoidea, que según me dijo me acompañaría a lo largo de toda mi vida. Yo me recibí de Profesora de Educación Física, profesión que amo y que ejercí por mucho tiempo hasta que mi cuerpo se enfermó cada vez más.

El día que mi médico me dio el diagnóstico, llegué a casa y lloré largamente frente a mi marido y ese día me prometí que nunca más iba a amargarme y que me curaría.

Mi más preciado sueño era ser madre y los remedios que tenía que tomar me impedirían quedarme embarazada. Al cabo de dos años de prepararme para el gran momento y en el año 1998 nace nuestra amada hija.

Sólo pude alimentarla hasta los tres meses porque debía retomar el tratamiento y seguía en busca de mi sanación. Mi fuerte fe en Dios que siempre me acompañó y mi fuerza interior permiten que aprenda a vivir con esta enfermedad dignamente y con el convencimiento de que sanaré.

Probé todos los tratamientos que me sugirieron y visité varios médicos, siempre con la esperanza en sanarme. Empecé a engordar, mi carácter cambió, me volví irritable y muchas veces caí en estados depresivos por largo tiempo.

Cada día ella aprendía más y más a conocerme pero no entraba en contacto con mi ser interior, con mi dolor, con mis sentimientos.

Muchas veces sentí que la única manera de no pensar o de evadirme era haciendo, haciendo y encargarme de quedar bien con todos quienes me rodeaban, olvidándome de mi misma, creyendo que de esta manera encontraría felicidad y paz.

Un buen día en oportunidad de juntarme con mis colegas del profesorado, escuché a una de mis amigas hablar acerca de un Curso de Milagros donde aprendemos a conocernos y a ocuparnos de nosotros.

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Asimismo aprendemos a conocer nuestra biología y a complementar todos los tratamientos.

Es así que desde ese momento estoy aprendiendo a ver la vida de otra manera; a conocerme y fundamentalmente a amarme; a darme cuenta que hay muchas maneras de transitar nuestra vida, a dar gracias por tenerla y por sobre todas las cosas que somos nosotros quienes hacemos de nuestra vida el paraíso.

Que cuando el cuerpo habla lo tenemos que escuchar, que no tenemos necesidades, sino que queremos algo concreto, que todo aquello que nos proponemos para nosotros y nuestro entorno lo conseguimos. Que no tenemos que hacer algo por obligación ni porque me conviene o porque los demás me dicen o porque siempre se hizo así.

 

Tenemos que aprender a escuchar nuestra voz interior y por sobre todo a poner límites y respetarnos y hacernos respetar. Aprender a navegar en nosotros, a encontrar momentos de paz interior.

 

Aprender a ser coherentes, con lo que pienso, lo que siento y lo que hago.

Ahora estoy segura que en este aprendizaje está mi sanación.

Atte,

María Cecilia”.